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El sentido de las prácticas: sociología y antropología en la obra de Pierre Bourdieu

Pierre Bourdieu

Pierre Bourdieu

Quizás no haya mejor forma de abordar los aspectos temáticos y conceptuales de la obra de Pierre Bourdieu que siguiendo el mismo curso que tradicionalmente se ha dado en Francia a la palabra sociología; es decir, el de las ciencias sociales en toda su amplitud, abarcando entonces no sólo a esa disciplina sino también a la antropología, o por lo menos a la antropología social, que como él mismo reconociera fue la especialidad que le permitió romper con su formación original proveyendo el medio más fértil para plantear cuestionamientos que con el tiempo devendrían en algunas de sus nociones más celebradas.

Recientemente, alguien se preguntaba qué hubiera sido de la noción de habitus sin la experiencia etnográfica que Bourdieu tuvo no sólo con el campesinado argelino, sino también en el Béarn francés. ¿No fueron acaso estos dos contextos los que tempranamente mostraron la necesidad de desarrollar un enfoque sobre las prácticas que fuera simultáneamente una crítica de los métodos y las posturas tradicionales y una propuesta diferente sobre cómo deberían ser entendidas las acciones humanas?

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En diálogo con el historiador Roger Chartier, Pierre Bourdieu explica cómo ha utilizado a través de su obra la noción de campo y el concepto de habitus. Documento en muchos sentidos único por su contenido y duración, representa casi una introducción al pensamiento de Bourdieu. (Le chemins de la connaissance – Parte 4,1988) © Radio France

Gravitación de sus experiencias etnográficas

Cómo se gestó la teoría de las prácticas

Outline of a Theory of Practice

Versión en inglés de Esquisse d'une théorie de la pratique précedée de trois études d'ethonologye kabyle, el libro que a principios de los '70 popularizó a Bourdieu entre los antropólogos sociales.

A nadie que haya leído Argelia ’60 escapa que el paso por aquel país sería fundamental para su conversión a la sociología. A fines de esa década el país estaba sumido en un proceso de descolonización que en ciertos lugares del mundo, como este, todavía siente los efectos de la última gran conflagración. Bourdieu realizará en estas condiciones una serie de trabajos etnológicos sobre la sociedad argelina que, amén de dar cuenta de la situación local, parecen haber servido además para motivar cierta reflexión sobre aspectos conceptuales que sólo verían la luz ulteriormente. Así, luego de publicar en 1958 Sociologie de l’Algérie, que constituye una síntesis de los conocimientos sobre el país, escribirá -en colaboración con otros autores- Travail et travailleurs en Algérie (1963), un estudio sobre la constitución del trabajo asalariado y urbano. Al que seguirá, en 1964, Le Deracinement. La crise de l’agriculture traditionnelle en Algérie, investigación dedicada no sólo al análisis de la destrucción de las bases agrícolas de la sociedad tradicional, sino, y en relación a ello, a considerar también las consecuencias de la puesta en práctica de la política de reagrupamiento poblacional instrumentada en su momento por la armada francesa.

Los principales trabajos de Bourdieu sobre la teoría de la acción -Esbozo de una teoría de la práctica (1972) y El sentido práctico (1980), para citar sólo los más difundidos- tienen, sin lugar a dudas, una génesis claramente vinculable a este período. La hipótesis de que la experiencia de campo, tamizada por una mirada etnográfica, serviría como «precipitante temprano» de lo que después vendría es, pues, algo más que una hipótesis plausible. Más allá de su contenido explícito, fragmentos de título como “trois études d’ethonologye kabyle” eximen de cualquier comentario ante la duda de un escéptico.

Lo que la fotografía puede revelar…

La experiencia argelina y el nacimiento de la noción de habitus

In Algerien

Pierre Bourdieu: In Algerien. Zeugnisse der Entwurzelung

También es dato conocido que Bourdieu tenía una confesa afición por la fotografía, pero ¿cuántos saben que al poco de morir se publicó un libro con instantáneas tomadas por él en Argelia? Franz Schultheis y Christine Frisinghelli serían los editores de Pierre Bourdieu: In Algerien. Zeugnisse der Entwurzelung (2003), una obra significativa sobre la que -y pese al tiempo transcurrido- muy pocos están al corriente en la República Argentina.

In Algerien habla por sí misma. Es una iconografía que permite percibir, al mismo tiempo que lo retratado, la profunda huella que los contrastes norafricanos, a manera de desafío a su inteligencia, dejarían a la comprensión de una de las mentes más brillantes del siglo XX.

Verdadero “cuaderno de campo”, que en vez de describir únicamente con palabras describe también con imágenes, no exhibe simplemente lo que observa un joven etnólogo, sino que pone bajo observación al etnólogo mismo. ¿Por qué fotografió esto y no otras cosas? ¿Cuánto de lo que leeríamos después en Esquisse d’une théorie de la pratique no está de alguna manera dicho ya allí?

Algunas instantáneas se conocen de libros previos; pero otras, en definitiva, son una revelación en todo sentido.

Imagenes de Argelia

© Camera Austria

De las tres que aquí seleccionamos ninguna es, simplemente, «una pintura etnográfica». En las dos primeras hay ya un preanuncio de las posiciones críticas que nuestro autor asumirá públicamente más tarde; primero, a través de algunas de las obras mencionadas y, no mucho después, mediante una decidida militancia. En ambas, los rostros de la pobreza argelina son también los rostros del colonialismo. Pero, para lo estrictamente teórico, la última es, quizás, la más reveladora. Allí, la Argelia de Bourdieu es claramente expuesta como un país donde conviven las contradicciones. Haciendo gala de su adecuación a los tiempos una muchacha se desplaza en moto, …pero con sus facciones cubiertas. La escena es, en realidad, toda una metáfora. Tropo que traslada el sentido de los cambios que vive todo un país a situaciones particulares como esta. Espontánea, y aparentemente carente de connotaciones, muestra cómo una simple práctica puede reflejar sin más las profundas transformaciones que en su momento sufren las estructuras sociales. El paso de una sociedad tradicional a otra moldeada por el capitalismo de posguerra. Aquí, en las calles, es que Bourdieu se da cuenta del déficit en que se encuentra. Los esquemas conceptuales de la antropología clásica no le sirven para explicar lo que observa. Necesita, más bien, una noción distinta. Algo que medie entre la temporalidad de las estructuras y lo efímero de las prácticas.

¿De quién hablamos cuando hablamos de los otros?

La etnografía como ejercicio reflexivo sobre nosotros mismos

El propio Bourdieu admitiría que en estas instantáneas no están sólo los campesinos de Cabilia ni los anónimos habitantes de aquellas ciudades que todavía guardaba en el recuerdo. También está él mismo. Alguien que recién llegó a comprender ciertas cosas de su Béarn natal, y de las forma de vida de su infancia, cuando otro ambiente rural, el de Argelia, se puso ante sus ojos. Le bal des célibataires es, curiosamente, apenas un año anterior (2002).

El baile de los solteros

El baile de los solteros

También publicado de manera póstuma, este libro representaba para su autor “hacer un Tristes trópicos al revés”. Compuesto a partir de tres monografías anteriores, Célibat et condition  paysanne (1962), Les stratégies matrimoniales dans le système de reproduction (1972) y Reproduction interdite. La dimension symbolique de la domination économique (1989), reconstruye un proceso en el que una y otra vez se vuelve al mismo problema con una referencia fantasmagórica de fondo: la experiencia argelina. Célibat et condition  paysanne se ubica, no por nada, entre Sociologie de l’Algérie y Travail et travailleurs.

Es como si la etnografía sobre los otros, una vez hecha, hubiera provisto recién los recursos para poder dar cuenta de otra, una donde el clima emocional del investigador, por una simple razón de pertenencia, se veía más comprometido. Le bal es, seguramente, un Tristes trópicos invertido, pero sólo hasta cierto punto. En Tristes trópicos, Lévi-Strauss se ocupa de nambiquaras, bororos y tupí-kawaíbs para terminar, veladamente, hablando de sí mismo y sus preocupaciones teóricas. En Le bal, se comienza por velar a Argelia para poder hacer hablar al Béarn mediante los conceptos que ella misma ayudó a gestar.

Bourdieu nunca quiso descatalogar a estos tres trabajos como «ensayos etnográficos». Célibat, el más extenso y rico de los tres, causó en su momento la suficiente impresión como para ser acogido entusiastamente por Isaac Chiva, quien puso a disposición de un joven por poco desconocido prácticamente la mitad del espacio correspondiente a un volumen completo de Études Rurales. ¿Qué había en él? ¿Qué hay en los tres? ¿Cómo es posible que una sociedad fundada en los derechos de la primogenitura deje solteros, justamente, a los primogénitos? La respuesta la darían, en cierto modo, los campesinos cabil. La destrucción de las estructuras agrarias en la Argelia rural mostraron a Bourdieu que la vida moderna no sólo puede volver obsoletos los usos tradicionales, sino que bien se puede quedar atrapado entre las nuevas y las viejas formas, de manera que cuando ello ocurre lo primero en delatar la situación es la disonancia de las prácticas:

“Plantados al borde de la pista, formando una masa oscura, un grupo de hombres algo mayores observan en silencio; todos rondan los treinta años, llevan boina y visten traje oscuro pasado de moda. Como impulsados por la tentación de participar en el baile, a veces avanzan y estrechan el espacio reservado a quienes bailan. No ha faltado ninguno de los solteros, todos están allí.” (1989, pág. 9; trad. propia)

Célibat -el resto no- cuenta también con una pequeña iconografía, pero es distinta. A diferencia de In Algerien nada dicen de ese momento en el que el extrañamiento, por la intervención de un hecho quizás fortuito, como el simple transitar de una muchacha con el rostro cubierto, motive de tal forma nuestro espíritu que nos fuerce a tomar conciencia de algo que ya estaba allí. Pese a ello, ambas etnografías, la argelina y la bearnesa, debieran considerarse, en algún sentido, una.1

Benôit de L’Estoile, quien recientemente se interesara por el papel que cupo a la etnografía en la formación de algunos intelectuales franceses, bien podría estar de acuerdo. Haciendo suyas precisamente las estrategias de investigación de Bourdieu, de L’Estoile afirma que más que buscar en la lógica de un pensamiento hay que concentrarse en reconstruir «trayectos»: explorar las transformaciones que pudieran derivar del «tránsito» por diferentes espacios.2 Espacios que no necesariamente han ser todos intelectuales, sino -como en este caso- también sociales. Ocurre que ocupándose de lo que se ocupó, el arte o la educación, las letras o el gusto, siempre es admisible la conjetura de que las indagaciones de nuestro autor pudieran, finalmente, no ser otra cosa que variaciones sobre un mismo tema.

Notas:

1 En un curso de posgrado sobre Pierre Bourdieu propuesto en 2008 desarrollábamos en extenso esta cuestión junto a otras de diferente índole. Hoy somos de la opinión que el tomar sólo a ella justificaría, ya de por sí, todo un seminario.

2 Antropólogo e investigador en el CNRS, Benoît de L’Estoile es conocido por sus trabajos sobre postcolonialismo y políticas de la diferencia. Llevó a cabo investigaciones en Brasil y es autor de Le goût des autres: De l’exposition coloniale aux arts premiers, publicado por Editorial Flammarion. Pronto ofreceremos aquí, en versión traducida, el trabajo aludido.

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