Cátedras - Teoría I

Teoría e Historia de la Antropología I

Tomando como punto de partida el surgimiento de la idea de cultura durante la Ilustración, la materia introduce en la historia de la disciplina considerando sus antecedentes más destacados. Su estructura está pensada para hilvanar el desarrollo de la teoría antropológica sobre la base de la evolución de este concepto y su paulatina complejización.

LA HISTORIA COMO CONSTRUCCIÓN

¿Dónde situar los orígenes de una disciplina?

grabado guaranies

Cualquier suceso es siempre un hito arbitrario. En 1690 John Locke publica su Ensayo sobre el entendimiento humano. Allí plantea que al nacer nuestra mente es como un "gabinete vacío" que paulatinamente se llena con nuestras experiencias. Esto no sólo explicaría las diferencias entre las personas, sino también las diferencias entre las costumbres de los distintos pueblos, ya que nada sería innato en la naturaleza humana, salvo la capacidad de aprender. Principios abstractos y normas morales estarían por igual en esta situación, conclusión a la que Locke llega leyendo a Garcilaso y otros cronistas de la época.

La historia no tiene principio. Tampoco la antropología. Pero los historiadores de la antropología deben empezar por algún lugar. Existe la fuerte tentación de decir que la antropología “comienza” con Tylor -o Helvetius o Aristóteles-. Sin embargo, con el principio de la antropología sucede algo muy similar a lo que ocurre con los comienzos de la humanidad: la única forma de tratar esta pregunta es darle alguna sustancia y, a partir de allí, hacer especulaciones eruditas.

No hay persona ni acontecimiento que pueda arrogarse la existencia de la antropología. Más bien, existen curiosidades y actividades humanas que hoy se entienden como antropológicas porque extendemos nuestras conceptualizaciones al pasado, a períodos antes de que la palabra fuera incluso inventada; y, ciertamente, a períodos cuando significaba algo muy diferente de lo que hoy significa.

Sería posible retroceder para decir que los historiadores griegos y romanos, Jenofonte, Heródoto y Tácito, tienen mucho que decir sobre gentes extrañas y bárbaras que posteriormente pasarían a descripciones etnográficas. También sería sensato empezar con las observaciones del gran geógrafo y erudito árabe medieval Ibn Jaldun, cuyas descripciones de las gentes africanas y asiáticas son vívidas, y hasta donde nosotros podemos juzgar, precisas. Pero, ¿era Ibn Jaldun antropólogo?…

Aunque todo debe tener un principio, invariablemente habría que decir por qué se empieza por donde se lo hace. Y, más allá de que se admita o no, ya que hacer historia supone ser altamente selectivo y disponer de un “punto de vista”, las bases de esa selectividad deberían quedar siempre abiertas.

Traducción de un fragmento de la Introducción correspondiente a la segunda edición en inglés del libro de Paul Bohannan y Mark Glazer High Points in Anthropology.

LA INFLUENCIA NEOKANTIANA

Precipitantes idealistas en el empirismo americano

Franz Boas

Franz Boas ataviado como un esquimal. Firme creyente en la importancia de la información de primera mano, en 1883 decidió emprender una expedición al Artico. Su año de estancia con balleneros y esquimales y la profunda influencia de pensadores neokantianos como Dilthey y Rickert, convirtieron a Boas en etnólogo. A despecho de algunos contemporáneos, para la escuela norteamericana, la moderna antropología cultural comienza con él.

La idea de cultura es el concepto que permite seguir la evolución teórica de la escuela americana entre fines del siglo XIX y mediados del siglo XX. Academicamente impuesta por Boas, se convirtió en la noción a utilizar, tanto en un sentido particular y descriptivo como general, para poder hablar de la gran diversidad en los modos de vida de los grupos humanos. Otro rasgo que caracterizaría a esta etapa, sería la insistencia, también derivada de Boas, en la necesidad de una labor de campo intensiva para poder constituir bases empíricas confiables con las que después poder trabajar comparativamente. Cosa que se asumió como algo razonable dentro de un ámbito marcadamente empirísta como el de las ciencias americanas. En resúmen: primero la recolección de datos, luego la generalización empírica y, finalmente, la teorización.

La imágen que tenemos de Boas, a partir de allí, es la de un fieldworker absolutamente reacio a llegar más allá una explicación histórica de corto alcance. Pero es probable que las versiones sobre su animosidad hacia la teoría, que discípulos y allegados se molestaron en destacar, sea más parte de un mito en la elaboración de un culto a la personalidad que una realidad. Es imposible recoger datos sin una consideración previa sobre su necesidad y significado. Y en el trabajo de campo de Boas no encontramos nada que nos indique que dejaba las cosas al azar y a la oportunidad. Sino, más bien, lo contrario.

Ruth Fulton Benedict

Ruth Fulton Benedict en momentos en que era auxiliar de Franz Boas

No hay dudas de que se distanciaba del evolucionismo por sus métodos y del difusionismo por sus reconstrucciones, pero eso no implica que no tuviera su propio punto de vista respecto de cómo estudiar los fenómenos culturales. Una de las cosas que frecuentemente se olvida es que Boas no nace intelectualmente en el empirismo anglosajón, sino en el idealismo alemán, y que cuando llega primero a Clark y luego a Columbia se encuentra plenamente formado. Heildelberg, Bonn y Kiel lo habían puesto en contacto con las ideas de Rickert, Windelband y Dilthey, las verdaderas fuentes de su noción de cultura; y también de otras asociadas, como las de historicidad y particularismo.

Salvo George Stocking en su momento, pocos han advertido la gran influencia que el idealismo alemán tuvo, incluso, sobre otras figuras contemporáneas o posteriores. El configuracionismo de Ruth Benedict está inspirado no sólo en Spengler; sino más, quizás, en Karl Worringer, el historiador de arte al que tanto admiraba y que apenas menciona en Patterns of Culture.

Kroeber había nacido en New Jersey, pero su padre era un inmigrante oriundo de Colonia que impuso una educación alemana en su hogar, al punto de que el bilingüísmo y los tutores alemanes fueron la base de su formación. Robert Lowie había nacido en Viena y vivió en Estados Unidos en una atmósfera austríaca hasta bien entrados sus años adultos. Sapir había nacido en Alemania, y no sólo por raíces familiares y haber conocido a Boas se interesó por ciertos temas, su adhesión a una bien conocida tesis en lingüística tiene su origen en una apasionada lectura de Humboldt.

Cuando Harris afirma que la antropología cultural temprana tiene una orientación hegemónicamente idealista no se equivoca. Basta con hacer una revisión superficial para darse cuenta de que un denominador común con estas características encontró terreno fértil en un país que, por aquel entonces, manifestaba una forma de empirismo bastante ingenua y anodina.